Semillas de achiote o anato

Las semillas de achiote o anato son una especial que se da mucho en el área de Yucatán y es única y endémica de la región. Son las semillas del árbol anato, que tiene hermosas flores rosas que producen una vaina con espinas que tiene docenas de estas semillas adentro.

Las semillas son de color rojo ladrillo, un color cálido y atractivo. Los Mayas usaban estas semillas desde tiempos prehispánicos para pintarse la piel, ropa, para hacer arte y también las mezclaban con una bebida de chocolate como símbolo de la sangre para sus rituales. Las semillas aportan un sabor fuerte y permanente a los platillos en los que se usan.

Pasta de achiote o recado rojo

La pasta de achiote, o recado rojo, es uno de los principales sazonadores en la comida del Estado de Yucatán. Aunque es más conocida por ser la base de la marinada para los platillos estilo pibil, se usa de muchas otras formas.

Esta pasta está hecha de semillas de achiote, ajo rostizado, hierbas y especias tostadas como orégano, clavos, comino, pimienta negra, pimienta gorda, semillas de comino, sal y naranja agria o su sustituto, que es una mezcla de jugos de cítricos y/o vinagre.

La pasta de achiote, como las semillas, tiene un color ladrillo, cálido y bonito, y un sabor fuerte. Se mantiene durante meses guardada en un lugar fresco y oscuro en la cocina.

Afortunadamente, ahora se puede encontrar en tiendas Latinas, internacionales o en línea.

Salami de Chocolate (con licor de café hecho con Tequila)

El salami de chocolate es muy buen regalo para esta temporada y verás cómo les arranca una sonrisa a todos, además de que dura mucho tiempo en el congelador y así siempre tendrás a la mano algo dulce para el antojo.

Mis hermanas y yo preparábamos varios en unos minutos y nos comíamos, y nos robábamos varias probadas mientras los hacíamos. Era tan difícil esperar hasta que se congelaran parar poder rebanarlos.

Mi hermana mayor, Karen, me platicó que la receta venía en un libro titulado Tu y Yo Cocinando, que fue popular en la Ciudad de México en la década de los 70´s.

Aunque ahora mis hermanas y yo vivimos en ciudades y países diferentes, todas hacemos salamis de chocolates para nuestros hijos. Ya no tenemos ese libro, y me pone triste pensar en todas las recetas que nos estamos perdiendo. A estas alturas, ya no necesitamos recetas para hacerlos, ya nos lo sabemos de memoria.

Lo que sigue igual es que todas usamos galletas María, que son muy crujientes y con la dulzura exacta. Las trajeron los españoles hace más de 500 años y llegaron para quedarse. Estos días ya las encuentras en la mayoría de los supermercados aquí en los Estados Unidos y si no, puedes usar galletas de vainilla o Graham crackers.

Esta receta es para dos salamis de chocolate. Me gusta mezclar la mitad de la masa con nueces y tequila, le dan un sabor muy rico con apenas un toque de alcohol. Algunos chefs le ponen ron o Kahlua.

La otra mitad la dejo como está para mis hijos. Le quedarían muy bien también cerezas secas, pero experimenta un poco para que sepas lo que funciona mejor para ti.

Salami de Chocolate main
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Salami de Chocolate (con licor de café hecho con Tequila)

Keyword: Postre, receta
Servings: 2 rollos (6-8 personas)
Author: Pati Jinich

Ingredients

  • 225 g de chocolate semi amargo
  • 3/4 de taza de mantequilla sin sal
  • 2/3 de taza de azúcar
  • 1/2 cucharadita de extracto de vainilla
  • 1 cucharada de cocoa en polvo
  • 5 yemas de huevo
  • 360 g de galletas María, Graham crackers o galletas de vainilla en pedazos pequeños
  • 4 cucharadas de café de licor con tequila, ron o kahlua, opcional
  • 1/2 taza de nueces ligeramente tostadas y picadas, opcional

Instructions

  • Derrite el chocolate, la mantequilla y la cocoa en polvo a baño María. Retira del fuego y pasa la mezcla a un recipiente grande resistente al calor. Vierte el azúcar y la vainilla y mezcla con una espátula. Añade las yemas una por una, mezclando bien después de cada una. Agrega las galletas María. Añade el tequila y las nueces si les vas a poner. Tendrás una mezcla húmeda y espesa.
  • Corta dos hojas de papel encerado de unos 35 cm de largo. Pon la mitad de la mezcla en cada pedazo de papel. Dales forma de troncos con las manos. Envuélvelos en el papel y dales forma de salami de unos 5 cm de grosor. Es fácil enrollarlos porque están cubiertos del papel encerado. Para acabar, tuerce las orillas del papel en direcciones opuestas.
  • Marca cada rollo si hiciste uno con nueces y licor para que los puedas diferenciar. Envuelve cada uno con plástico. Mételos al congelador de 2 a 3 horas hasta que se congelen. Rebánalos como quieras, en rebanadas gruesas o delgadas.
  • El salami dura congelado unos 6 meses. Sácalo del congelador unos 10 minutos antes de servirlo.
  • Si los vas a regalar, los puedes envolver en papel para regalo. Se ven muy lindos así. Si vas a viajar con ellos, diles a tus familiares o amigos que metan al congelador en cuanto puedan.

Hojas de plátano

Las hojas del árbol del plátano son largas, tienen un color verde fuerte muy bonito y un olor fuerte y aromático. Se usan frecuentemente en la cocina Mexicana para envolver y cocinar diferentes tipos de comida, como tamales, carne, pollo y pescado. Estas hojas son fuertes y a la vez maleables. Cocinar con ellas no solo concentra los sabores de los ingredientes envueltos, sino que también los impregna con un sabor fresco, verde y aromático.

Era difícil encontrar las hojas de plátano en los Estados Unidos cuando me mudé aquí hace más de doce años. Sin embargo, actualmente se pueden encontrar en supermercados grandes en la sección de verduras congeladas, así como en tiendas latinas y étnicas.

Frijoles Refritos de Cristina Potters

Para este post, he invitado a Cristina Potters para que nos comparta una de sus recetas favoritas. Cristina es la autora de Mexico Cooks!, un sitio web culinario y cultural mexicano. También es conocida por organizar unos tours extraordinarios.

Originaria de Chicago, llegó a Tijuana, México en 1981 como trabajadora social y 30 años después, vive en Morelia, Michoacán. Aprendió a preparar de las mayoras (quienes cocinan en los hogares michoacanos).
Sin más, les presento a Cristina.

Quiero ofrecerles mis recetas personales para hacer frijoles refritos y de la olla. La siguiente receta para los frijoles refritos es sencilla y deliciosa, aún para los que no quieren probarlos.

Frijoles Refritos de Cristina Potters 1

En el centro del país, los frijoles más usados son los peruanos, frijoles ovalados y amarillos que cocidos agarran un color beige pálido y una consistencia cremosa. A mí me prepar los frijoles de la olla, servidos con una cucharada de salsa fresca (jitomate, cebolla, serrano y cilantro picados y sal). A menudo preparo arroz blanco, lo pongo en un plato y le echo encima estos frijoles, salsa fresca y queso cotija desmoronado, con lo que tengo una comida completa.

Frijoles Refritos de Cristina Potters 2

Para desayunar, preparo frecuentemente frijoles refritos. Los sirvo con huevos revueltos, rebanadas de aguacate mexicano y tortillas de maíz calientes, una excelente forma de empezar el día.

Un dato curioso: los frijoles refritos no son frijoles vueltos a freír. El español mexicano usa el prefijo “re” para describir algo excepcional. “Rebueno” significa muy, muy bueno. “Refrito” significa entonces, muy frito.

Es muy fácil preparar los frijoles de la olla y su sabor fresco es mil veces mejor que los enlatados. Yo preparo medio kilo de frijoles secos a la vez. Después de cocerlos, sirvo frijoles de la olla, preparo unos refritos y congelo el resto en bolsas de plástico, ya que se congelan muy bien.

Para preparar los frijoles de la olla, el método tradicional que yo uso no lleva ni cebolla, ni ajo ni sal. Nada más que agua y frijoles secos. Primero, limpia bien los frijoles y saca cualquier piedrita que encuentres. Luego, ponlos en un colador y enjuágalos bajo el chorro de agua. ¿Se remojan o no? He probado remojarlos y no remojarlos y el tiempo de cocción es el mismo y yo no remojo. Mi olla de barro tiene lugar para medio kilo de frijoles más el agua suficiente para ponerlos a cocer. Si no tienes olla de barro, una olla gruesa para sopa funciona igual. Pon los frijoles en la olla y luego pon de 6 a 8 tazas de agua fría.

Pon los frijoles a fuego alto. Una vez que suelten el hervor, baja el fuego a medio y tapa la olla. Cocina los frijoles por una hora y checa el nivel de agua. Si necesitas agregar más agua que esté hirviendo, ya que si les pones agua fría, los frijoles se pueden poner duros. Cocínalos hasta que pruebes uno y esté suave y cremoso. El caldo se espesará ligeramente.

Frijoles Refritos de Cristina Potters 3Frijoles de la olla ya cocidos encima de los chiles dorados, listos para hacer frijoles refritos.

Este es el momento de ponerles sal, después de cocerlos pero mientras siguen calientes. Yo uso Espuma del Mar (sal de mar mexicana del Estado de Colima), por su sabor dulce y salado a la vez, pero cualquiera sirve. Añade un poco menos de la que piensas, ya que siempre puedes agregar más después, para no salarlos.

Si vives en los Estados o Canadá, puedes pedir los frijoles secos estupendos que vende Rancho Gordo. Su dueño, mi amigo Steve Sando, vende frijoles tanto a restaurantes como a particualres. Si has probado frijoles normales y no te gustan, saben delicioso, prueba los de Rancho Gordo y te sorprenderás gratamente.

Frijoles Refritos de Cristina Potters 4Frijoles refritos listos para comer

Frijoles Refritos de Cristina Potters main
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Frijoles Refritos

Keyword: frijoles, receta
Servings: 6 porciones
Author: Pati Jinich

Ingredients

  • 3 tazas de frijoles peruanos de la olla
  • 1 o 2 chiles serranos, al gusto
  • 1 o 2 cucharadas de manteca o aceite vegetal, que no sea de oliva
  • Caldo de los frijoles
  • Sal al gusto

Instructions

  • Derrite la manteca en un sartén de 20 cm de diámetro. Parte los chiles desde la punta hasta casi el tallo y añádelos a la manteca. Dóralos a fuego medio hasta que el chile tenga color café oscuro, casi negro. Deja que la manteca o el aceite se enfríen un poco antes de seguir.
  • Ahora añade los frijoles y un poco de caldo. Cuando los frijoles empiecen a hervir, machácalos junto con el chile hasta que tengan una consistencia tersa. Añada más caldo si es necesario hasta que los frijoles tengan la consistencia que deseas. Añade sal al gusto, revuelve y sirve.

Flan de Coco Playero

Me encanta vivir el cambio de estaciones. Las hojas cambian de color en otoño y las juntamos en grandes montones para que los niños brinquen en ellas. Me encanta el olor de los vientos de invierno y me divierte quitarnos los abrigos, gorros y guantes, algo que nunca hice cuando era niña.

Pero extraño el flan de coco que comía en Acapulco, cuando era niña. Mi favorito era de Pipo, un restaurante en la Costera. Tenía una capa cremosa y suave encima y una capa de coco suave y chicloso abajo. Para hacerlo, he probado un par de versiones y ésta es la más rica y sencilla.

Flan de Coco Playero 1

Primero, prepara el caramelo. Algunos mezclan el azúcar con jugo de limón o agua, pero yo lo hago de la manera tradicional: azúcar a fuego medio-bajo. Pon el azúcar en una olla e inclínala un par de veces mientras se derrite el azúcar. Necesitas ser paciente y vigilarla para que no se queme.

Flan de Coco Playero 2

Una vez que se empiece a derretir, así se verá el azúcar caramelizada. Entre más claro sea su color, más ligero será su sabor. Si dejas que se ponga más oscura, tomará un sabor más fuerte, pero no la dejes más tiempo porque se puede poner amarga rápidamente.

Flan de Coco Playero 3
Este es el color que me gusta, con mucha personalidad y combina muy bien con el flan dulce y suave.

Flan de Coco Playero 4

Viértelo rápidamente en moldes individuales o un molde de anillo, porque se pone duro muy rápido.

Ahora hay que hacer el flan y solo tienes que licuar los ingredientes.

Flan de Coco Playero 5

El secreto de este flan es usar coco rallado, deshidratado y sin endulzar. Lo encuentras en Whole Foods o Trader Joe´s. Si está endulzado, el flan queda demasiado dulce.

Vierte una lata de leche condensada, una de agua, un par de huevos y el coco en la licuadora. Licúa todo hasta obtener una mezcla suave y luego viértela encima del caramelo.

Flan de Coco Playero 6

Pon los flanes en un refractario grande y vierte agua alrededor de los moldes para cubrirlos hasta la mitad. Hornéalos unos 35 minutos y estarán listos.

Flan de Coco Playero 7

Hay muchos tipos de flan: de naranja, chocolate, ron, cajeta, rompope, piñones nuez y el tradicional.

Hacer este flan de coco en los meses fríos de otoño e invierno será como traerte la playa, la brisa del mar y un coco fresco recién bajado de la palmera.

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Flan de Coco Playero

Servings: 8 flanes individuales
Author: Pati Jinich

Ingredients

  • 1 taza de azúcar
  • 1 taza de leche condensada
  • 1 taza de agua
  • 2 huevos
  • 1 1/3 tazas de coco seco, rallado y sin azúcar
  • Rebanadas de fruta, jarabe de chocolate, crema batida, opcional

Instructions

  • En una olla, calienta el azúcar a fuego medio-bajo hasta que se caramelice. Puedes inclinar la olla cuando el azúcar se empiece a disolver. Ya que esté derretida, decide que tan claro/oscuro quieres el caramelo. Entre más claro de color, más ligero de sabor. Ten cuidado de que no se queme. Retira del fuego y vierte en 10 moldes individuales para flan o en un molde de anillo. Hazlo rápidamente porque se endurece muy pronto.
  • Precalienta el horno a 180 C.
  • Pon la leche condensada, el agua, los huevos y el coco en la licuadora y licúa durante un minuto. Vierte la mezcla encima del caramelo ya duro ya sea en los moldes individuales o en el molde de anillo. Pon agua caliente en un refractario grande y luego pon los moldes, para que los cubra hasta la mitad.
  • Hornea los flanes de 35 a 40 minutos, o hasta que el flan haya cuajado y se hay dorado de arriba. Deja que se enfríen y sirve o tápalos y refrigéralos. Se mantendrán en el refrigerador durante una semana.
  • Para desmoldar, sácalos del refrigerador al menos 10 minutos antes de servirlos, para que se suavice el caramelo. Pasa la punta de un cuchillo alrededor del flan y voltéalos a un plato. Vierte el caramelo encima. Sírvelos con fruta fresca, jarabe de chocolate o crema batida.

Piloncillo

El piloncillo es la forma más pura de la caña de azúcar. Es lo mismo que el jugo de la caña, pero en estado sólido. Usualmente tiene forma de cono, cuadrado o bola.

En su lugar, se puede usar azúcar morena o mascabada; sin embargo, el sabor del piloncillo es más rústico. Me recuerda a la comida de pueblos pequeños, es muy hogareño. Le añade un extra a la comida, ya sea en profundidad, color, olor que es difícil de definir, pero sabe riquísimo.

Se puede rallar o disolver en un líquido caliente o hirviendo.

Chile de Árbol

El chile de árbol es muy picante y sabroso. Es pequeño, largo y delgado. Tienen un color naranja rojizo fuerte y brillante, y tiene muchísimos usos. Usualmente se tritura para ponerlo en salsas muy picantes, aunque también se usa para agregar sabor y un poco de picante si no se abre al cocinar.

También se conoce como bravo por su picante, pico de paloma o cola de rata por ser delgado y picudo. Otro nombre es Sanjuanero, aunque no logro descubrir todavía por qué se llama así. Se come en todo el país y se encuentra fácilmente en los Estados Unidos.

Comida de Michoacán

¿Han visto cuando alguien se “casa” con un platillo en especial? Lo prueban una vez y luego quieren regresar a comerlo una y otra vez, o lo preparan en casa repetidamente. Bueno, yo soy una de esas personas, y me he “casado” con varios platillos del Estado de Michoacán, por lo que sorprende que la comida de ahí siga sin ser descubierta. Tiene una personalidad bien definida y capas complejas de sabores deliciosos como sus primas más conocidas, la comida de Oaxaca y de Puebla, pero sus platillos son más reconfortantes y usan menos ingredientes.

Algunos ingredientes básicos de la comida de Michoacán, como los chiles pasilla, tomates verdes, queso Cotija y pastas de fruta, ya se encuentran en tiendas fuera de México.

Aunque mi amor por Michoacán es por la comida, va más allá de la cocina. Era niña cuando visité Michoacán por primera vez, pero tuvo tal impacto en mí, que cada vez que planeábamos un viaje les rogaba a mis papás que regresáramos ahí. No sólo eran las calles empedradas, las enormes puertas de madera con marcos de cantera, el olor a pan recién hecho y a café de la montaña. Tampoco eran nada más las plazas de los pueblos con sus carritos de helados y dulces, con globos y vendedores de alpiste. Había algo más.

Regresé unos veinte años después, como asistente de producción para un programa de cocina. Fue espectacular. Investigábamos y grabábamos comidas preparadas para el Día de Muertos – una festividad mexicana que se celebra esta semana – viajábamos de pueblo en pueblo, probando platillos delicados y sencillos en el mercado, hechos con ingredientes frescos y manjares que las mujeres traían en canastas que ponían sobre tapetes en el piso.

En las ciudades que rodean el Lago de Pátzcuro, vimos a los famosos pescadores extender sus inmensas redes en la madrugada; que parecían volar en el cielo. Probamos exquisitas sopas de pescado, guisados de carne, tamales y dulces preparados para esta celebración.

El Día de Muertos es una de las celebraciones más significativas de México, y Michoacán en un gran lugar para vivirlas (irónicamente), en parte por su cocina y lo bello que es, pero también por la riqueza y profundidad de sus tradiciones centenarias.

Los Purépechas, llamados también Tarascos, son el grupo indígena predominante en Michoacán. Ellos creen desde antes de la llegada de los españoles que los muertos regresan una vez al año para visitarnos. Después de siglos de sincretismo entre las tradiciones e ingredientes purépechas, españolas y católicas, han dado como resultado una mezcla ecléctica de rituales y de platillos deliciosos.

El año pasado, una década después de mi último viaje, regresé a Michoacán para seguir investigando para el programa culinario que enseño en el Instituto Cultural Mexicano en Washington, D.C. Llevamos a nuestros tres hijos, ya que estaba ansiosa por compartir con ellos las cosas y comida que me habían fascinado en años anteriores. En cuanto desempacamos, me di cuenta de que había todavía mucho por aprender y probar. Experimenté cosas nuevas junto con mis hijos.

Después de quedarnos en Morelia, la capital colonial donde probamos versiones tradicionales y modernas de la comida michoacana, visitamos el pueblo de Santa Fe de la Laguna, con una comunidad purépecha. Las mujeres nos dieron a probar comida tradicional y nos dieron clases en sus cocinas para preparar sus platillos. También les enseñaron a nuestros hijos, con mucha paciencia y tranquilidad, cómo trabajar la cerámica negra y verde, tradicional en esa región.

Ya que regresamos, me di cuenta finalmente de qué hace tan especial la comida de Michoacán: su gente. Los michoacanos son personas generosas, cálidas, hospitalarias y cariñosas. No por nada Michoacán es conocido como “el alma de México”, realmente hermosa. Entre más cocino, más me convenzo de que la comida de un lugar se parece a sus personas. Toma de alguna forma el alma de sus pobladores.

En la promesa hasta la muerte que tengo con la comida de Michoacán, seguiré compartiendo y cocinando lo que aprende de ella hasta que pueda regresar a explorar y comer más. Aún más, si me dan permiso de regresar del otro mundo a un Día de Muertos, compartiré con gusto este menú con mis seres queridos.

Artículo escrito para y publicado por la National Public Radio’s Kitchen Window.

 

 

Chile Pasilla

El chile pasilla es el chile chilaca seco. Es el chile más sembrado y usado en Michoacán. En algunos pueblos puedes ver los patios de las casas cubiertos con tapetes donde miles de chilacas son secados al sol para convertirse en pasillas.

Cuando están frescos, son largos con un color verde claro brillante. Una vez secos, ya como pasillas, son largos, delgados de color café oscuro o negro con piel suave y arrugada. Tienen un sabor intenso, un poco picoso y dulce. Se usan en muchas cosas como salsas, sopas, guisados, condimentos, marinadas y moles.

También se conoce como chile negro y algunos lo llaman chile pasilla negro. Se puede sustituir por el chile seco New Mexico, aunque tiene otro sabor. No hay que confundirlos con el chile ancho, que en algunos lugares de Estados Unidos también se le dice pasilla. Aquí hay un par de fotos para que puedan ver la diferencia.

No se preocupen. Una vez que cocinen con un chile en particular, no lo confundirán con otro en el futuro. Agregué también un par de fotos de chiles ancho para que los pueden distinguir.

Pasilla Chile 1